¿VIDA Y OBRA? PARA EDWARD ALBEE SON LA MISMA COSA

“Saber escoger el momento y los actos precisos para que, aunque muera el mensajero, no muera el mensaje”

 

88 años de criticar, de cuestionar, de no estar conforme, de una búsqueda constante de libertad. Edward Franklin Albee III nació en Washington en 1928 y vivió bajo el techo de dos padres adoptivos con los que no coincidía en nada. ¿Cliché? Puede ser que sí, pero es de esos clichés que toman una tormenta y la convierten en una serendipia. Sin que él, sus padres adoptivos o el mundo lo supieran, quien pudo haber sido tan solo una persona más se convertía poco a poco en uno de los íconos del teatro.

 

Albee fue el protagonista de la tragicomedia más grande de la que tuvo consciencia. Su obra y su vida indudablemente cuentan la misma historia, con toques de drama, de poesía, de conflictos sociales y personales. El teatro del absurdo se caracteriza por representar con locuras e incoherencias el sentido que la humanidad le ha dado a la vida en sus varias presentaciones, pensamientos que al dramaturgo seguramente le venían a la cabeza mientras se escapaba de la casa en la que vivió durante 18 años. Pero no tenía tiempo para existencialismos, su misión era crear una manera de materializar todos esos sueños.

 

Edward Albee

 

La constante búsqueda de dicho sentido lo forjaron como mensajero. A finales de los 50’s se mudó a Nueva York para darle vida al férvido dramaturgo que descubrió que llevaba dentro. Trabajó en Western Union para mantenerse en lo que escribía sus primeras obras de teatro. ‘¿Quién teme a Virginia Woolf?’, ‘La Caja de Arena’ y ‘Tres Mujeres Altas’ son 3 de sus obras más reconocidas, pero con la que se ganó al mundo fue con la primera y última que escribió: ‘La Historia del Zoológico’. La primera por ser el estupendo trabajo con el que se dio a conocer en 1958; la última por los cambios, correcciones, añadiduras y borrones que sufrió, quedando como versión definitiva ‘En Casa en el Zoo’, en 2009.

 

Dedicó su existencia a reinventar el teatro. Era de esperarse, pues vivió en una época de posguerra cuya sociedad estaba ansiosa por tener una vida completamente diferente, y su desnudez, su apertura, un gran toque de humor negro y la particular manera de cuestionar la sexualidad y el conservadurismo, dieron en el clavo. Sin embargo, una mente inquieta jamás está satisfecha. Incluso tras una vida de Tonys, Premios, Pulitzers y Óscares llegó a convencerse de que fracasó en aquello que consideraba era lo único que sabía hacer, cosa que no puede ser más absurda, pues detrás de toda esa inseguridad se escondía un profesor de dramaturgia que en sus últimos años encontró un hogar en la Universidad de Houston. Más que maestro, sus alumnos lo consideraban un guía.

 

Edward Albee

 

Septiembre de 2016 se convirtió en un mes especial para nosotros, ya que coincide su fallecimiento con el cierre de temporada de ‘En Casa en el Zoo’ en el Foro. Y eso es lo que amamos de la poesía que constituye a Albee: saber escoger el momento y los actos precisos para que, aunque muera el mensajero, no muera el mensaje. Hoy tenemos la inmensa fortuna de contar con su alumno y amigo más cercano para seguir difundiendo su polémico sentir. ‘La Cabra o, ¿Quién es Sylvia’, dirigida por Víctor Weinstock, finaliza con una temporada de risas, sustos y asombros, de un público que enfrenta a sus emociones con su ideología y el abanico de posibilidades que la humanidad tiene para expresarse. En palabras de Albee: “Todas las obras, si son buenas, se construyen como correctivas. Ese es el trabajo del escritor: mostrar un espejo que no es meramente decorativo, agradable o seguro”.


 

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Albee

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