¿TOMAS DECISIONES IMPULSIVAS? CULPA A LA EVOLUCIÓN

Nos guste o no, nuestro estilo de vida rebasó a nuestro instinto de vida.

Definir, analizar, evaluar, determinar y actuar.

5 pasos que nos saltamos sin vergüenza cuando nos enamoramos a primera vista o aprovechamos esa gran oferta. Parecería que constantemente usamos el cerebro para tomar decisiones, sin embargo, usualmente pensamos con el corazón más que con la cabeza. ¿Cómo afecta el estado de ánimo en nuestra toma de decisiones?

 

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Shakespeare solía decir que “No existe nada que sea bueno o malo. Nuestro pensamiento es lo que lo determina”. Y es verdad. Todos nuestros pensamientos están construidos por experiencias, y todas esas experiencias están ligadas a alguna emoción. Las emociones son la manera en que nuestro cerebro nos hace saber si lo que hacemos nos acerca o aleja de la supervivencia. El miedo, un mecanismo de atención. La tristeza, un mecanismo de depuración. La risa, un mecanismo de vinculación. Y presumimos de nuestra única y diferente capacidad de raciocinio, y nos encanta separarnos del resto del reino animal. “Inteligencia” es como solemos llamarle. Nos engañamos. En nuestra ocupada labor de ser humanos nos cegamos al hecho de que la mayoría de las veces tomamos decisiones igual que cualquier otro animal.

 

El cerebro y el cuerpo, en efecto, son maravillosos. Han sido necesarios millones de años de evolución para darle pie al proceso de tomar la decisión de hacer click y leer esta nota. Algo tan racional como analizar una situación se reduce a cómo te hará sentir dicha situación. A esto le llamamos afecto heurístico, un atajo mental para resolver problemas (o convencernos de ello) de manera rápida y eficiente. En este proceso difícilmente funcionamos a un nivel consciente, es más una manera biológica de evitar perder tiempo en analizar si aquello a decidir representa una amenaza. Juzgamos los pros y los contras con base en la forma que nos hizo sentir una situación similar en el pasado, mas no en lo que realmente nos podría dejar. La misma razón por la que es difícil ahorrar, seguir la dieta o aguantar la presión social que una opinión nos puede generar.

 

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Así que, nos guste o no, nuestro estilo de vida rebasó a nuestro instinto de vida. La mente está diseñada para actuar rápido y con la información más básica. Son tantas y tan seguidas las veces que nos sucede, que hay ocasiones en que dejamos de notarlo. Sobreestimulantes como la publicidad y el estrés cotidiano facilitan el afecto heurístico y hacen que tomemos una decisión antes de siquiera darnos cuenta que tomamos una decisión. Por lo general, las vueltas que le damos a un asunto generalmente son innecesarias, pues queremos darle un destino a algo que ya lo tiene: el mismo que nosotros le hemos fijado.

 

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Yolo_El Feo

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