SOBRE CÓMO UN VOYEUR MIRA EL MUNDO

Queremos ser el otro, fundirnos en él.

Dicen que ver es creer. También dicen que creer es crear. La gente dice muchas cosas, verdades o mentiras, y todas vienen de un lugar en común: adentro. El mismo origen de las necesidades y los anhelos. El mismo lugar del que nacen las ganas de abrir los ojos y mirar, dejar entrar la luz que no existe en ese mismo interior. Querer saber, palpar con la mirada, asomarse a una realidad hasta ese momento imaginaria, un cacho más de vida del que no es necesario que formes parte, pero al que irremediablemente, por menos o más, turbarás.

 

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¿Ver es crear? Tal vez. Tal vez no. Tal vez depende del cristal con que mires o de lo que entiendas por “sentir”. Entiendas lo que entiendas, la verdad es que el mundo entra a nuestro cuerpo por más de los cinco sentidos a los que estamos acostumbrados, y, estemos listos o no, el cuerpo la transforma como puede en pensamientos, en latidos, estímulos que fluyen hacia afuera para dejar salir al ser que creemos ser. Queremos ser el otro, fundirnos en él. Creemos proyectarnos y terminamos introyectados. La realidad entra y sale. Entra y sale. Y vuelve a entrar para volver a salir.

 

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¿Hasta cuándo la piel con su cosquilleo? Hasta el infinito. Hasta que la vida no se pare o hasta que la muerte nos separe. No se sabe con certeza, el corazón no conoce frenos, la pasión se gobierna por ciclos. Moverse en círculos es estancarse en el mismo lugar de siempre, dejar de sentir, dejar de desear. Moverse en espiral es jugar, pasar por los mismos lugares teniendo nuevas sensaciones, saber cómo no ahogarse en la rutina. El fin no es terminar, es encontrar nuevas formas de hacerlo.

 

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Para algunos hacerlo depende de la mirada. Convierten la incitación en una invitación a respirar y agitar y experimentar la vida en cuerpo ajeno. Se desconocen. Los mismos ojos con los que buscan a otro nunca los usaron para encontrarse dentro de uno. La falsedad nunca estuvo presente en una supuesta mentira, sino en no querer ver la verdad. Pocos toman en cuenta que lo que place al tacto rara vez place a la vista. Pocos lo entienden, pero la verdad no está en los ojos ni en los labios. Ésta se encuentra en la humedad que los abre.

 

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Humedad

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