¿PUEDES CONVERTIR EL PREJUICIO EN RAZÓN? POCOS LO HACEN BIEN.

Si no podemos sentir, no podemos saber.

¿Regresó al vicio? Es porque es débil.
¿Consiente a su sobrino? Debe ser sobreprotectora.
¿Se entrega con amor? Ay, pobre ingenuo infeliz.
¿Hace todo lo que le dice el marido? Sumisa mantenida.

 

Nuestra forma de ver lo que vemos viene de la mente, la cual da una forma específica a eso que vemos para poder reconocer y experimentar lo que alguna vez ya experimentamos, y todo con el fin de que tengamos el menor estrés posible.

 

Lee esa última oración cuantas veces lo necesites. Interiorízala. Imagínala aplicada a los distintos escenarios de tu vida. Tal vez sea obvio al principio, pero tras varias vueltas la obviedad se transforma en lógica. Y después viene el horror: ¿cuántas veces hemos caído una y otra vez en la misma trampa? ¿Cuántas veces -por aparentar, por entender, por sobrevivir, o por cualquier otra razón- nos hemos topado con un espejismo? ¿Cuántas veces hemos asumido que algo es como nos imaginamos nada más por cumplir ciertas características? Y la peor de todas: ¿Cuántas veces nos hemos percatado de que lo hacemos?

 

via GIPHY

 

Claro que esto tiene una razón de ser. Como muchas de las conductas humanas que creemos entender, suponer es parte de nuestros mecanismos evolutivos. Hace 10mil años era extremadamente útil, pues no disponíamos del tiempo necesario para sentarnos a reflexionar si un depredador nos mataría o no. El cerebro toma atajos, no le gusta gastar energía y tiempo en analizar a profundidad los distintos aspectos de nuestro entorno (¡y eso que lo hace increíblemente bien!). Pero a pesar de que en todo este tiempo la inteligencia haya rebasado al instinto, éste sigue ahí tomando decisiones, controlándonos a nosotros y a la información que nos llega. Ojo, que eso no quiere decir que no podamos aprender a controlarlo.

 

Los prejuicios nos ciegan. La ceguera es la ausencia de uno de nuestros sentidos. Si no podemos sentir, no podemos saber. Pero es que, si queremos lograr una realidad objetiva, además de sentir con los ojos (orejas, tacto o lo que sea), debemos superar el filtro del impulso y la reacción, del automático querer que las cosas sean como creemos que son. Una vez que identificamos que dentro existe esa lucha, ver Hedda Gabler se convierte en una experiencia diferente a cómo hubiera sido sin esta consciencia de la mecánica de… pues… la misma consciencia.

 

via GIPHY

 

Los comentarios prejuiciosos que suelen acompañar a la interpretación del personaje por parte del público siempre tornan alrededor de su falta de empatía o su dudoso estado mental. ¿Y el tiempo? ¿Y el contexto? ¿Y la cultura que la rodeaba? No podemos asumir que sea buena o mala porque, una vez más, caemos en el territorio de la subjetividad. Nuestro atributo social exponencia el contagio de los prejuicios, aunque también lo puede mitigar. El ejercicio teatral juega con los sentidos de cada persona, haciéndole creer a su instinto que está viviendo una situación específica; mas no logra engañar a la inteligencia, que entiende y relaciona el contexto en el que vive el individuo. Sea Hedda Gabler, Romeo & Julieta, o cualquier obra de teatro, el hecho de que en la sala podamos juntos ser parte de una experiencia ajena, combinado con nuestra capacidad para compartir el punto de vista único de cada quien, debería ser más que suficiente para eliminar todos nuestros prejuicios y abrir los ojos a una realidad oculta frente a ellos.

 

Y por supuesto que nada de eso funciona sin el elemento principal: la voluntad de ir al teatro.

 

imagen miniatura
Hedda

Eventos relacionados