PARA SER ALGUIEN EN LA VIDA, ANTES MUERTA QUE SENCILLA

En esta era, la belleza trata de no sentirnos excluidos.

“Separar al ser humano de su instinto natural inevitablemente crea un conflicto entre consciencia e inconsciencia, espíritu y naturaleza, conocimiento y fe.”
- Carl Jung

 

Depila esos pelos. Aclara esas manchas. Estira esas arrugas. Redondea ese trasero. Aplana ese abdomen. Enchina esas pestañas. Detén esa alopecia. Oculta esos granitos. Blanquea esos dientes. Entinta ese cabello. Esconde esa lonja. Consigue esas medidas. Respinga esa nariz. Mantén esa edad. Maquilla esas pecas. Infla esos labios. Ponte esos tacones. Crece esos senos. Levanta esos pómulos. Pinta esas uñas. Photoshopea esos detalles. Esconde esas ojeras.
Busca esa aprobación.

 

No fue difícil pensar en todo un párrafo dedicado a la industria de la belleza. ‘Industria’ porque todos y cada uno de esos “consejos” precisan de vender un producto para conseguir el objetivo exageradamente anhelado. Es curioso y extraño que nuestra idea de atracción se base en las características geno y fenotípicas que facilitan la reproducción y supervivencia de nuestra especie, pero que nada de lo que hacemos para ser atractivos se base en nuestra naturaleza. En esta era, la belleza no se trata de sentirse bien. En esta era, la belleza trata de no sentirnos excluidos. Lo alarmante está en que llevamos décadas siendo conscientes (y no) de las consecuencias.

 

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Una persona que cumple 17 años ya estuvo expuesta a más de 250mil mensajes comerciales de belleza, todos con el mismo discurso: “Sé tú misma”. Sí, los hombres también son víctima de este fenómeno cultural, sin embargo, una vez más, ellos la tienen mucho más fácil. Sus cánones se rigen en la confianza, el liderazgo, la seguridad, los valores. Pero en ellas el mensaje cambia completamente, al igual que su esencia. Por andarle jugando mal al éxito, en algún punto del camino nos perdimos por buscar la perfección superficial sin percatarnos de que por dentro nos pudríamos. Una sociedad dismórfica con un trastorno de dismorfofobia.

Somos todo un caso.

 

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¿Se han fijado en los comentarios que hacemos? ¿Las tomas de Hollywood? ¿La manera en que dictamos si alguien se merece o no un Oscar basado en su color de piel? 

Al menos que vivamos debajo de una piedra, es imposible que la respuesta sea ‘no’. Lo feo es que en vez de preocuparnos, jugamos un juego dolorosamente divertido. ¿Qué podemos hacer al respecto? También lo sabemos. El discurso sigue siendo “Sé tú misma”, pero sin los engaños que llevan a comprar un producto. Decir que está mal preocuparse por la imagen propia es tan estúpido como modificar la esencia propia para alcanzar una supuesta perfección, y, por consecuencia, una felicidad plástica y sin sentido. La belleza, más que verse bien, es sentirse bien; más que modificar el color de la cara, es aceptar la naturaleza del ser. Porque sí, un taco de ojo podrá ser delicioso, pero a nadie le ha quitado el hambre.

 

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El Feo

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