NO CAMBIAMOS EL PASADO. EL PASADO NOS CAMBIA A NOSOTROS.

La libertad… esa sí es como la pintan, pero pocos la saben apreciar.

“¿Algún poeta ya dijo que el amor se encuentra en los lugares más inesperados?
Estoy seguro que ningún poeta ha encontrado el amor en la cárcel.”

 

Una equivocación nos puede llevar a los lugares menos pensados. Si el error es propio o ajeno, ¿qué más da? La vida y sus dioses distan mucho de ser perfectos. Como al nacer, estamos destinados a tomar un camino totalmente desconocido, diferente al que, ilusos, planeamos, y es en ese camino donde se ve quiénes son los amigos, quién es la familia y quién definitivamente nunca lo fue.

La cárcel no es como la pintan. Es peor. Mucho peor de lo que se pueda imaginar cualquiera que presume de gozar su libertad. Lo que pasa ahí dentro forja al más inocente de los poetas y se chinga al más sucio de los fajineros, pero el detalle, para quien logra salir, es que nunca más vuelve a ser el mismo en oficio o personalidad. Tan sólo una de las maneras en que un soldado se transforma en actor.

 

Soldado_La Espera

 

“Si algo aprendí yo en la vida, es a esperar.“

A todo se puede acostumbrar uno. La mala vida sigue siendo vida, y aunque una traición sea igual o peor que una tortura, lo cierto es que doler es igual de adictivo que tropezar con la misma piedra. Sí, el dolor ajeno podría entretenernos y saciar nuestro morbo, pero el dolor propio… es en ese sufrir donde nos madreamos a nosotros mismos, dándole uno y otro y otro golpe a nuestro punto más débil, aquel punto que nos recuerda que entre tanto tiempo aún existe algo de vida.

Tampoco la familia es como la pintan. No es su obligación darlo todo incondicionalmente por un ser con el que comparten la misma sangre, pero de que hace un paro, hace un paro. Es irónico que al experto en robos le hayan quitado todo por lo que robaba, aunque resulta un tanto liberadora la sensación de que sin importar cuán poco te sepan apreciar, eres libre para amar.

 

Javier_La Espera

 

“Siempre tuve la vida en una mano y la muerte en la otra, siempre dejé ganar la mano donde se asentaba la muerte.”

Sabes que ya valió madres cuando te dan la bienvenida con una empinada. Toda tu infancia, tus memorias, las promesas que hiciste y los aprendizajes que tuviste. Todo se esfuma en un abrir y cerrar de celda. Ya no eres más que el pinche perro de costillas moradas que ni siquiera sabe cómo usar un trapeador.

La libertad… esa sí es como la pintan, pero pocos la saben apreciar. Sólo hasta que está afuera, detrás de los barrotes, mirándote cada noche, es que añoras esa sensación de estirar las alas una vez más. Pero hoy estás tan adentro como una navaja clavada en la carne. Ni pedo. Sólo faltan 1825 noches para que amanezca otra vez.

 

 

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La Espera

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