LA MENTIRA QUE NOS CONTAMOS TODOS LOS DÍAS

Para que todo esté bien, hay que sentir cualquier cosa menos tranquilidad.

“Así es la vida.”

 

Palabras que le hacen un monumento al confort. A conformarse. Que confunden un impuesto desorden en el alma con un supuesto orden de las cosas. “No hay nada que hacerle”, escuchamos mientras tiramos a la basura cualquier dejo de posibilidad y esperanza en nuestro interior. Así se escucha la rendición. Así se siente la pausa. Así se respira el aroma de la desilusión: cálido, dulce y agradable.

 

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¿Quién querría algo así? Nadie. Y al mismo tiempo hay muchos que así lo eligen. No es una contradicción, sino la adicción de encontrar dentro de uno mismo la respuesta que no cae del cielo (si es que de milagro existe algún cielo). La noción de que algo se rompió y la sensación de que es irreparable tan sólo por el hecho de no saber qué es ese algo ni cómo llegó a romperse, acaban lentamente con el alma de cualquier persona que se tragó el cuento que todos nos contamos: “tranquilo, todo va a estar bien”.

 

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Y aunque sepamos que para que todo esté bien hay que sentir cualquier cosa menos tranquilidad, contemplar el mundo imaginario al que colectivamente le hemos empeñado tanto esfuerzo en construir destruyó nuestras energías desde hace años. Éramos felices sin pensar y no lo sabíamos. Somos tristes sin hacer y nos consta. “¿Qué sucede con el mundo? ¿Cómo llegamos a este nivel de indiferencia? ¿Por qué mis amigos son tan hipócritas? ¿Por qué nadie hace nada? ¿Por qué yo no hago nada? ¿Por qué me duele todo?”. Y así se nos puede ir un día tras otro, preguntando sin parar, porque las preguntas sin respuestas entretienen al cerebro. Y no queremos respuestas. Sólo queremos seguir pensando.

 

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Toda opinión es una visión cargada de una historia personal. Todo juicio es una confesión. Toda desaprobación es un pedazo propio de alma que no queremos aceptar. Vivir es para valientes. Soñar es para valientes. Cumplir es para valientes. Cuando otro fascista te gobierne, cuando otra empresa te contamine, cuando otro idiota te ningunee, tendrás (como siempre) dos opciones. La primera es seguir creyendo lo que tu imaginación te dicta, sufriendo tus ataques de ansiedad, convenciéndote a ti mismo de que no eres el David de este Goliat. La segunda es caminar en línea recta, no parar, hacerlo con miedo, superar cualquier obstáculo que se te ponga en frente. Sólo un favor: si escoges la primera, no te mientas en vano.

 

¿”Así es la vida”? No. Así es la muerte. 

 

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