EL SEXO YA NO ES TABÚ. MONTAR LA CABRA, SÍ.

“Por más tabúes y reglas que pongas, ¿cómo te le impones a la naturaleza humana?”

 

Tras las 18 funciones de esta temporada de La Cabra o ¿Quién es Sylvia?, hemos visto al público aplaudir, reír, sorprenderse y ahondar en conceptos olvidados sobre nuestra naturaleza amorosa. Sin embargo también han habido los que se espantan, nos regañan, critican y se salen en plena función, incluso llamándole ‘una obra enferma’. ¿Qué sucede? Las respuestas pueden variar. Tal vez haya a quienes la propuesta técnica o artística no sea de su agrado, lo cual es respetable. También es probable que algunos vayan con la mentalidad de consumir entretenimiento o distracción, o quizá no conozcan la propuesta del autor.

 

Acerca de esto último, quisimos que no hubiera pierde en la intención y funcionalidad de la obra en nuestra sociedad, por lo que acudimos a Víctor Weinstock (dramaturgo, director y, en esta obra, actor) para encontrar una explicación.

 

Victor1

 

Víctor fue estudiante de Teatro y Antropología en la Universidad de Houston. Ahí conoció a su nuevo maestro y el que sería un amigo cercano en un futuro; el también creador de “La Cabra”, Edward Albee. Lo conoció en una época en la que sus obras serían menos entendidas y/o apreciadas por la crítica y el público. “Fue uno de mis grandes maestros (si no el mejor) porque me enseñó a pensar por mí mismo y a descubrir mi propia voz, a afinarla, tanto como dramaturgo como director”. Siempre admiró el humor de Albee, que, además de ácido, también era muy inteligente.

 

Expresó su admiración al Foro, a Itari y a Bruno por su constante actividad (lo cual se agradece de corazón). Un día al fin Itari se animó a hablarle para montar “En Casa en el Zoo” (también de Albee) y el tiempo hizo lo suyo. Se enamoraron de trabajar juntos con una obra de un autor al que le descubres cosas nuevas cada vez que lo lees. “El entendimiento con todo el equipo del Foro Shakespeare siempre fue armónico y respetuoso, es de los equipos de producción más eficientes y profesionales con los que he trabajado”. Pero él siempre tuvo la misma espinita: ¿Cómo reaccionaría el público mexicano a una obra tan provocativa? La inquietud era tal que tuvo que hablarle a Bruno y proponerle montar “La Cabra”.

 

La Cabra

 

Las obras de Albee tienen una particularidad. Sus personajes son inteligentes e ingeniosos. Gente culta, liberal, con problemas intensos, pasionales y emocionales. Eso, en el teatro, usualmente es raro. Y si a eso le sumamos el hecho de que el autor los aborda con intelectualidad, con palabras cuyos significados son difíciles de connotar en México, además de traducir sus propias experiencias en los actos de sus personajes, pues el resultado es algo desconocido, y que, por ende, puede causar miedo o incomodidad.

Lo que la obra nos plantea es que hay que ser tolerantes con la parte animal que no controlamos, que no es cultura. Uno puede establecer pactos sociales para entendernos entre seres humanos, pero por más tabúes y reglas que pongas, ¿cómo te le impones a la naturaleza humana?”.

 

Odiseo

 

Por último, Víctor mencionó su deseo a que el espectador se llevara un poco de aceptación de sí mismo y de quienes lo rodean, de la sexualidad como la conocemos y como nunca la hubiéramos imaginado. Sabemos que esta es una tarea difícil, debido a que nacimos en una época en la que se inculcan machismos, individualismos, discriminaciones y ostracismos. Pero también sabemos que al llegar a esa aceptación, los abusos sexuales y psicológicos serán menos. La única tarea para todos es tener una mente abierta, crear conciencia y unirnos, hacernos compañía. Lo demás llega solito.

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Weinstock

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