EL CAMINO DE IZTAPALAPA A BUENOS AIRES

De vez en cuando es necesario mirar al retrovisor y contemplar el lugar del que partimos

Los caminos de la vida. Aquellos que parecen un enmarañado de vueltas aleatorias sin sentido, cuyo destino se esconde en un nudo de infinitas posibilidades. De vez en cuando es necesario mirar al retrovisor y contemplar el lugar del que partimos, eso que en un momento de presión significó tomar una decisión que cambiaría la dirección de nuestro andar. En el caso del elenco de la Compañía de Teatro Penitenciario, el momento en el que a cada uno de ellos les nació un “Cámara, me rifo”.

 

La Espera

 

Han pasado unos cuantos ayeres desde que Javier, Ismael y Antonio tomaron la decisión de entregarse al camino del teatro, un camino que quien quiera puede emprender, pero que no cualquiera se atreve, y menos estando dentro de la cárcel. Lidiar con todos los demonios internos propios que te exigen vehementes no moverte de donde estás es un trabajo que lleva muchísimo tiempo de introspectiva y voluntad. Pero moverse es la especialidad de estos actores. La CTP tiene 10 años de existencia gracias al esfuerzo colectivo de un elenco que encontró en el teatro un hogar y una voz que proyectar al resto del mundo.

 

La Espera 2

 

Esa voz al fin fue escuchada en el sur del continente americano y no podríamos estar más orgullosos. Los actores que vimos crecer y transformarse en las grandes personas que son, que dedican su tiempo a impactar positivamente a su comunidad desde El77, continúan un camino que hoy cruza por Argentina, en donde darán una gira de teatro penitenciario en las cárceles y centros culturales del país. ¿Qué mensaje llevan? Su historia. Una historia de cómo dar un mal paso afecta el resto de una vida para bien o para mal. La Espera es una obra que toma la dramaturgia de Conchi León y las experiencias y reflexiones del elenco. Cada función hablan y se enfrentan a su propio pasado para cambiar el futuro de su público a través del reencuentro con sus emociones.

 

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Desde México mandamos buenas vibras a Buenos Aires. Gracias, Javier, Ismael y Antonio, por dedicarse de lleno a transformar al mundo. Hacen falta personas que cumplan sueños y que recuerden de qué está hecho el hombre, personas como ustedes que demuestren que lo que nos define no son los errores que cometimos ayer, sino los actos que asumimos por ellos hoy. No estamos seguros de hasta dónde los llevará este camino, pero pueden estar seguro de que no lo caminarán solos.

 

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La Espera

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