¿EL CABARET MUESTRA O PROTESTA?

Con lo bien que se siente estar ahí cuesta creer que una obra esté diciéndote que todo está mal.

Todo se ha dicho del cabaret.
Desde el siglo XIX hemos escuchado que es del diablo, que es inmoral, que es de perdición, que se enseña mucho. Este último sí que tiene razón: en el cabaret se enseña, de todo, todo… aunque cada uno se lleva a casa lo que es capaz de ver.

Desde sus inicios los cabarets se han dedicado a narrar la realidad desde su muy particular punto de vista. Digamos, un ángulo más digerible y seductor. En 1887, la palabra “cabaré” se utilizaba para designar un lugar público de reunión literaria o artística. 132 años después el punto es exactamente el mismo, aunque la percepción varía. Para muchos es un lugar, para otros es un género; para muchos es morbo, para otros es emoción. Para todos es polémica, incluso para el mismo cabaret, pues lo que empezó como un espectáculo contestatario, informativo y educativo (al menos en México), la popularidad lo fue transformando en un espectáculo de mero entretenimiento con buenas mujeres, buena música, buen alcohol y buena iluminación.

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¿Y un buen significado?

Ese es más difícil de ver. Incluso de consumir. Con lo bien que se siente estar ahí cuesta creer que una obra esté diciéndote que todo está mal. Pero una protesta puede tomar cualquier forma que no sea violenta. Como dijo Astrid Hadad en esta entrevista, “estamos con nuestra mente tan manipulada que creemos que no existen otros caminos y que lo que nos dan es lo único que hay. Lo que intenta demostrar el cabaret es que sí hay caminos. De lo que trata el cabaret es de lo mismo que trata la lectura y el arte, hacer a la gente más libre en su pensamiento”. Siendo el teatro (y, por ende, el cabaret) un espacio de expresión, la posibilidad del intercambio, el debate y la reflexión está siempre presente, anteponiéndose a la imposición.

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¿Tenemos algo que protestar en México? Muchísimas cosas, empezando por el respeto a la vida (por eso tenemos un #CabaretAPruebaDeMachos. Cuando vayas a un cabaret no esperes encontrar mujeres encueradas y bohemia. En su lugar, busca a las personas que desnudan su alma y exhiben todo lo que está mal allá afuera. Tras tantos escándalos señalando la inmoralidad de un cabaret, nos encantaría que un escándalo cambiara la inmoralidad de un político corrupto, o, más aún, de lo que se supone que es una autoridad moral.

 

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