¿DÓNDE ENCONTRAR LA LIBERTAD? 3 ACTORES TE LO DICEN.

Todos podemos aprender que la libertad no se encuentra.

Un amor, un hijo, una justicia, un bienestar, un poco de felicidad…

Todos en esta vida buscamos algo que nos haga experimentar que estamos vivos. Estamos tan encerrados en la insipidez de la normalidad, que concedernos el lujo de darle una probada a ese delicioso sabor a libertad a veces se siente como (y otras veces es) libertinaje. Tras años de construir nuestros propios muros y tener algo de valor o suerte para salir de ellos, descubrir que lo que buscamos no está afuera no es nada fácil. Muchos no lo pueden soportar y se regresan. Pero otros agarran sus pertenencias, se suben los pantalones, y se embarcan a donde sea que lleve el camino con la convicción de no mirar atrás y dejar su celda para siempre.

 

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En el pecado se lleva la penitencia. Para cumplirla no hace falta entender lo que es un pecado. Muchas veces ni siquiera es necesario pecar. Los caminos que voluntaria e inconscientemente decidimos tomar nos dirigen a un destino del que es inútil escapar. Y si de los caminos de la vida hablamos, los 3 actores que en escena vuelven a transitar su propio pasado son expertos en el tema. Por si no fueran pocos más de 20 años de sentencia, este elenco está dispuesto a cumplirla una y otra vez cada martes en El77

 

El arte le permite a uno perderse y encontrarse. Las razones por las que El Greñas, El Soldado e Ismael fueron a dar a la cárcel son muy distintas, pero tienen algo en común: la necesidad de la dureza y la superación personal. En la vida encontraron una manera de escapar de sus problemas, pero en el teatro lo que encontraron fue una forma infalible de encararlos. Compartir con el público sus historias los unifica y soluciona los conflictos personales y sociales que, como a cualquier otro, se les juntan en el pecho. Abrir las puertas de su corazón para salir y que cualquiera pueda entrar.

 

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La esperanza es engañosa. Por un lado carga con toda la inspiración que una persona pueda tener para aguantar décadas de claustro y dolor. Por el otro, hace que te ilusiones con un ideal que probablemente no exista. Aún recordamos el estreno de la primera temporada de esta obra. Al terminar la función, un espectador simplemente se levantó y demeritó al elenco con palabras que pretendían tirar a la basura todos estos años de vivencias, aprendizajes y esfuerzos. ¿Su respuesta? “Está bien, carnal. Gracias por venir”. Fue en esa respuesta donde vimos que todos aquellos años de vivencias, aprendizajes y esfuerzos dentro y fuera de la cárcel sirvieron para algo. Vimos que los prejuicios funcionan rápidamente. Vimos que si bien muchos sienten cierto miedo irracional a acercarse demasiado a los presos, ellos dieron un paso adelante y se acercaron a quienes los fueron a conocer. Independientemente de lo bien escrita o actuada, la razón principal por la que vale la pena ver La Espera es que, como ellos, todos podemos aprender que la libertad no se encuentra. Se es.

 

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La Espera

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