OLEANNA: UNA CALIFICACIÓN NO TE ASEGURA EL ÉXITO EN LA VIDA… ¡PERO AH CÓMO AYUDA!

Para que haya maestros motivados a tomar un camino lo más alternativo posible al actual sistema educativo, tiene que haber alumnos motivados a superarse a sí mismos.

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Última semana del último semestre de tu carrera. Tal vez estudiaste toda la noche para este momento. O tal vez no. Tal vez fuiste tan buen estudiante durante los últimos años, que ya dominas el temario a la perfección. O quizá no has sido tan buen alumno y estás confiando en Dioses y estrellas para responder el largo examen que está frente a ti en silencio, juzgándote minuto tras minuto con cada trazo de tu pluma.

En cualquier caso, el objetivo es el mismo: aprobar. Darle al profesor la satisfacción de que valió la pena ir cada mañana a regurgitar en tu cabeza, para que después regurgites en el examen todo lo que él sabe y te ha repetido durante años. Con suerte será lo mismo. Y sí, “CON SUERTE”, porque absolutamente cualquier otro camino para tratar de llegar a una respuesta es automáticamente inválido. A la escuela no le interesa tu creatividad.

¿O sí? ¿Será que existen maestros que valoran más tu pensamiento crítico y resolución de problemas? Y si existen, ¿cómo son? ¿Dónde los encontramos?.

Para que haya maestros motivados a tomar un camino lo más alternativo posible al actual sistema educativo, tiene que haber alumnos motivados a superarse a sí mismos. Pero papelito habla, y su único lenguaje es un sistema numeral del 1 al 10, sin historias, sin contextos, sin profundidad.

Definitivamente lo que sí existe son caminos alternativos para obtener ese 10, caminos que están muy lejos del sistema educativo. ¿Qué han hecho los estudiantes para conseguirlo? Copiar en el examen, pedir segundas oportunidades, decir mentiras, decir verdades, sobornos, demandas, sexo… Tú nómbralo. Todo con tal de tener el poder del santo papelito, un poder que solamente es otorgado al sistema educativo, que, como cualquier otro poder, es corrompible, como la catedrática mano del profesor.

Hablar de Oleanna objetivamente es complicado. Incluso tener una opinión personal después de interpretar los papeles de alumna yprofesor es complicado. Uno se siente confundido al salir de la sala y ver que tienes opiniones muy encontradas sobre el tema: que si hubo acoso, que si hubo abusos, que si se necesita de más contexto para formar un escenario mental completo y tener un buen juicio… pero no. Simplemente quedas atrapado entre la espada y la pared. Y es que David Mamet escribió esta obra con ese propósito: no hay respuesta correcta. Todo depende del cristal con que se mire, y de las experiencias que haya tenido el espectador a lo largo de su vida.

Nosotros mismos no sabemos quién “debería” ser el ganador del ping-pong que se juega ferozmente en el escenario de Oleanna. Pero una cosa es cierta: te aseguramos que vas a pensar y analizar más que en aquel último examen de tu carrera. Después de todo, a eso nos dedicamos en el teatro: a repartir conocimientos y enseñanzas fuera de los lineamientos de la SEP.

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