DE LA PIEL Y SUS DESTELLOS: CUANDO MUERE LA VIDA, VIVE LA MUERTE.

"Lo que llamamos “fantasma” no es el espíritu de una persona, sino el prolongado recuerdo de una parte significativa de nuestras vidas.

 

Antes de seguir con la lectura, te avisamos que de lo que hablaremos a lo largo de esta nota será de fantasmas. Así que si eres escéptic@, miedos@, cerrad@ o poco aventurer@, te sugerimos que te quedes y sigas leyendo con atención.

Si ya estás list@, lo primero que quiero que hagas es que te preguntes: ¿crees en los fantasmas? Tal vez sí y ya hayas aprendido a vivir con uno. Tal vez no y vivas en paz con la idea de que lo que pasó esa noche en casa de tu amigo debe tener algún tipo de explicación lógica y racional.

Cualquiera que sea el caso, la siguiente pregunta que debes hacerte es: ¿qué es un fantasma?

Casi todos vivimos con la idea de que un fantasma es este tipo de ánima errante, invisible y con cadenas, condenado al sufrimiento y a abrir y cerrar puertas rechinantes por el resto de su existencia. Y pues sí… y no. Vamos por pasos: más que un ánima, es un ente. Más que errante, perseguidor. Casi es invisible: la única persona que puede verlo es la que lo creó. Sí, tiene cadenas, y está encadenado precisamente a esa persona. ¿Condenado al sufrimiento? En realidad, quien sufre, es (adivinaste) su creador. Y la parte de las puertas… claro que abren y cierran, pero lo rechinante depende del creador y su pasado.

Seguramente ya caíste en cuenta de a dónde vamos con todo esto: lo que llamamos “fantasma” no es el espíritu de una persona, sino el prolongado recuerdo de una parte significativa de nuestras vidas. Es la personificación que le damos a una memoria que se manifiesta en el insomnio, en la soledad, la depre, la melancolía, el vicio,… No es más que el remanente de la esencia de un suceso.

Dicho esto, podemos tener una idea de lo fácil que es crear un fantasma y de lo difícil que puede ser deshacerse de uno. Y es que el fin nunca ha sido nuestro fuerte. Nosotros, mortales, no podemos asumir la principal consecuencia de la vida: la muerte. No queremos aceptar que el más allá está más acá de lo que en verdad quisiéramos.  En este plano, recordar es invocar. Es una resurrección a medias.

Todos tenemos fantasmas, pero sólo algunas personas se atreven a enfrentarlos y decirles que se vayan, que descansen y dejen descansar en paz. De las que se atreven, hay quienes dedican su vida a liberar fantasmas y a quienes los invocaron. Algunas son psicólogas, otras son curas. A otras se les dio el don de la brujería y la hechicería. Y, por otro lado, también hay muchas que se dedican al teatro. Nuestra favorita se llama Concepción León Mora. “Conchi”, pa’ los cuates.

Conchi León es dramaturga, directora, escritora y actriz. Ha creado más de 30 obras de teatro basadas principalmente en experiencias reales, sean propias o ajenas. Por la naturaleza de su trabajo, los actores que han estado bajo su dirección han tenido que luchar consigo mismos para poder contar su historia en el escenario. En otras palabras, los hace enfrentarse función tras función a sus fantasmas. Si ya viste La Espera, sabrás que encarar 20 años de historia dentro de la cárcel debe ser todo menos agradable.

De la Piel y sus Destellos es su obra más reciente. El elenco, conformado por Itari Marta, Sonia Couoh, y la misma Conchi León, no sólo estará contando una historia. Cada una se abrirá frente a ti en el escenario, invocará su propio fantasma, y te enseñará que para dejar de luchar solamente hay que aceptar y soltar ese tormentoso pasado, ese difícil presente, o ese incierto futuro.

A ti, que no crees en estos “cuentos”, te tenemos una buena noticia: estrenamos el 16 de julio, y tenemos un ritual hecho especialmente para ti y esos fantasmas que te siguen a todos lados. Si estás list@ para soltar, haz click aquí  y aparta tu boleto.

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